Habla Alberto Artero (McCoy) en Cotizalia (La ¿inevitable? fractura de Vocento) del dificil momento que vive el Grupo Vocento, al parecer a punto de desmantelarse.
La crisis puede ser una razón que explique una parte del asunto. La concepción inicial y el funcionamiento del Grupo, a mi modo de ver, también pueden explicar algo más del caso.
Como bien dice McCoy, se trataba de "un sueño que pretendía aglutinar, bajo un paraguas multimedia, a esa parte de la población española que se define como liberal y conservadora, tradicional en los principios y poco intervencionista en los negocios".
De todos modos, el Grupo Vocento, hecho por empresarios de la comunicación, a mi entender, tenía como prioridad clara y neta, como finalidad, el aspecto empresarial de lo que tenían entre manos. Mientras que el aspecto comunicativo era y es (como en tantos otros conglomerados de medios) algo secundario. Los aspectos estrictamente informativos o de entretenimiento no han sido prioritarios.
Y McCoy, ahora, dice que él estaría dispuesto a tragarse sus palabras si en la crisis y el desmembramiento de Vocento, los pequeños accionistas sacan algo en limpio.
Por mi parte, estaría dispuesto a tragarme las mías si los profesionales de la comunicación (prensa, radio, televisión, etc.) de los medios del Grupo, y sus lectores, oyentes y espectadores, sacaran algo en limpio de esta crisis.
Mientras tanto, en espera de que haya empresarios que realmente sean -y con carácter prioritario, por no decir único- profesionales de la comunicación y tengan como prioridad de su trabajo el bien común y la atención a los ciudadanos, un par de párrafos del texto de McCoy:
(...) Un problema, el derivado de la crisis de los medios tradicionales y las funestas consecuencias de los errores propios de ejecución, al que el Grupo se enfrenta en una situación de división absoluta entre sus accionistas lo que impide el consenso necesario ante cualquier estrategia que, en un momento dado, se quiera desarrollar. Las hostilidades entre los Ybarra y los Bergareche son públicas y notorias, con los Luca de Tena como espectadores de excepción.
Un enfrentamiento que amenaza con llevarse a Vocento por delante y cuya única salida plausible, a día de hoy y salvo milagro improbable, es la fragmentación de la compañía a través de una liquidación ordenada de la cartera de participadas, la vuelta de la desmantelada periodísticamente ABC a la familia fundadora –que necesitaría apoyo externo para acometer tal operación-, la permanencia de la rama vasca de prensa en poder de los Bergareche y así sucesivamente.
El problema sucesorio al que se enfrentan estas familias, con pocos miembros interesados en la toma del relevo cuando llegue el momento, y la todavía sana situación financiera, comparativamente hablando, podrían acelerar el proceso.
Desde ese punto de vista, Vocento ya no requiere tanto un gestor como Vargas sino más bien alguien especializado en el desmantelamiento ordenado del holding empresarial. Y es una pena porque el proyecto tenía todo el sentido del mundo. Sin embargo, como tantas otras veces en la vida, se ha cumplido el viejo aforismo de entre todos la mataron y ella sola se murió. (...)







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